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“Por ser mujer no lo tengo más complicado. Lo difícil es encontrar el hueco para comercializar en ecológico"

Teresa Rodulfo Sánchez
Valle de Andarax (Almería)

Valle de Andarax (Almería)
Teresa en la Finca los Frailes
La vida de Teresa Rodulfo siempre ha estado vinculada al campo pero comenta que se dedica de pleno a ello desde que se casó con su marido: “Mis padres eran agricultores. Es una zona rural y casi todo el mundo se dedica al campo pero desde que me casé estoy más dedicada a ello, sobre todo cuando los niños (tiene tres hijos) crecieron. Les dejaba en el colegio y me iba al campo hasta la hora de recogerles”.

Junto a Sebastián, trabaja en la Finca de los Frailes, que él heredó de sus padres. La finca situada en un valle entre las lomas Galera y Huechar, la adquirió su familia hace 50 años. Los cultivos que había eran los tradicionales de la región: olivar y uva de mesa, sobretodo.
El padre de Sebastián cultivaba de forma convencional, pero cuando ellos se quedaron al cargo de la finca, decidieron transformarla a ecológico. Fue en el año 2005 cuando iniciaron la conversión. Hoy tienen 15 has en las que producen de forma ecológica frutales, cítricos y uva de mesa (aproximadamente 2 hectáreas de melocotón, 3 de ciruela y 1 de albaricoque). “También tenemos una huerta, sobre todo para autonconsusmo porque no voy a comprar productos si los puedo cultivar yo”, comenta Teresa.

Teresa cuenta que tocan diferentes mercados ya que con la conversión a ecológico han ganado en variedad de producción, además de mejorar la fertilidad de los suelos, y cuentan con más posibilidades comerciales. Venden sus frutas en mercados locales y en tiendas especializadas, y sus productos llegan a los comedores y hospitales andaluces, a las asociaciones de consumidores: El Encinar (Granada), Almocafre (Córdoba) y La Ortiga (Sevilla).
También exportan ciruelas tempranas al norte de Europa y uvas a Francia. “Diversificamos. La campaña más fuerte empieza en mayo con frutas de hueso (melocotón, ciruela y albaricoque). Cuando acabamos con ello, empezamos con la uva”, explica esta agricultora ecológica.

Entre las variedades que cultivan de uva, destaca la uva Ohanes o de barco, autóctona del valle del Andarax, que se caracteriza por su maduración tardía, entre octubre y diciembre.
Asegura que la conversión a ecológico fue por convencimiento pero también porque económicamente confiaban en mejorar el precio de venta en origen: “A mi marido (con formación de capataz agrícola) nunca le gustaron lo químicos y cuando ya nos quedamos con la finca, y fuimos tomando decisiones, cambiamos a ecológico por todos los beneficios que sabíamos tenia, principalmente porque los productos no tienen residuos químicos. Es una satisfacción a nivel económico porque puedes vivir de ello pero sobre todo, una compensación a nivel personal de hacer lo que quieres, de trabajar en lo que crees.”

No recuerda que la conversión fuese complicada: “Nos pusimos en contacto con el CAAE (Comité Andaluz de Agricultura Ecológica) y nos dijeron los pasos a seguir para certificarnos. Está claro que siempre puede haber problemas, por ejemplo, en la comercialización, con la logística que encarece el producto al mandarlo donde lo piden, pero intentamos organizar los pedidos ya que es una empresa familiar y no disponemos de grandes infraestructuras. A veces, si hay un pedido el mismo día intentamos hacerlo, pero si no, se habla con el cliente y se mira de dejarlo para el día siguiente”.
Comenta que en el pueblo son los únicos que trabajan en ecológico y que los vecinos no lo acaban de entender: “Con el paso del tiempo empiezan a valorarnos un poco más pero la gente, quizá por desconocimiento, no lo entiende. Te preguntan: “¿lo vendes bien?”, y respondes que depende de lo que entiendas por bien. Nosotros intentamos defenderlo y que valoren el producto. Aunque los vecinos no lo entienden lo cierto es que no nos podemos quejar: antes buscábamos a los clientes y ahora nos buscan a nosotros. Eso sí, no comercializamos nada que no produzcamos nosotros en temporada.”

Explica que ella se encarga más de elaborar los productos y su marido del reparto. “Más dificultades por ser mujer no he tenido, no sé si porque soy autónoma y si trabajara para otro pudiera tener problemas pero lo cierto es que no veo una dificultad añadida. A las lectoras de la Revista Ae les diría que por ser mujer no lo van a tener más complicado. Lo complicado es encontrar el hueco para comercializar pero si creen en lo que hacen, adelante. Es una lucha diaria, hay que trabajar cada día"

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